Por qué no saben igual todas las aguas

Bienestar

Por qué no saben igual todas las aguas minerales

Compras dos botellas de agua mineral, las sirves frías… y una te parece súper suave, casi insípida, mientras que la otra tiene “algo” (un toque salino, un puntito amargo, una sensación más seca). ¿Te ha pasado? No es imaginación: no todas las aguas minerales saben igual porque no todas tienen la misma composición. La buena noticia es que, en cuanto sepamos los factores que hacen de un agua lo que es, empiezas a “leer” su gusto casi como si fuera una etiqueta sensorial. Los “principales sospechosos” del sabor del agua son:
  1. Composición mineral
  2. Residuo seco
  3. PH
  4. Gas / No gas
  5. Origen
  6. Temperatura
  7. Envase

La composición mineral: los minerales que más se notan en el gusto

Aunque el agua sea transparente, no es “vacía”: lleva minerales disueltos. Y algunos se perciben más que otros. Sin entrar en tecnicismos, estas son sensaciones típicas:
  • Sodio y cloruros: pueden dar un toque ligeramente salino.
  • Magnesio: a veces deja un punto amargo.
  • Calcio: suele aportar una sensación más redonda o “táctil” en boca.
  • Sulfatos: pueden resultar algo secos o con un amargor suave.
  • Bicarbonatos: a menudo se perciben como un gusto más suave o “menos ácido”.
Ojo: esto no es una regla matemática. Depende de cantidades, combinaciones y de tu propia sensibilidad.

Residuo seco: cuando el agua parece insípida… o con carácter

Si solo te quedas con una idea, que sea esta: el residuo seco es uno de los mejores “traductores” del sabor.  La normativa usa el residuo seco (a 180 ºC) como medida de referencia en los análisis. Y permite clasificar el agua por mineralización, según ese residuo seco:
  • Mineralización muy débil: hasta 50 mg/L
  • Oligometálica o mineralización débil: hasta 500 mg/L
  • Media: de 500 a 1.500 mg/L
  • Fuerte: más de 1.500 mg/L
Ejemplo : un agua con mineralización débil suele sentirse más neutra: a algunas personas les encanta por su “nada de nada”, y a otras les resulta insípida. En cambio, un agua con más residuo seco (mineralización alta) suele notarse más: más presencia en boca, más gusto, más “personalidad”. No es mejor ni peor. Es distinto.

El pH: una pista sobre la “suavidad” en boca

El pH es otro dato que aparece en análisis y controles. En la normativa se contempla su determinación (y suele estar en las analíticas completas). ¿En qué se traduce para ti? Un pH más alto o más bajo puede hacer que percibas el agua como más “suave”, más “seca” o simplemente diferente. No esperes un sabor ácido como el de un cítrico: en agua, normalmente hablamos de matices. 

Agua con gas vs. sin gas: el CO₂ lo cambia todo

Aquí sí que no hay secreto: el gas transforma la experiencia. La norma recoge la mención “acidulada” cuando hay más de 250 mg/L de CO₂ libre. En la práctica, el CO₂ aporta cosquilleo (tacto), un toque que mucha gente interpreta como más vivo o incluso algo más “punzante” e incluso, a veces, hace que el agua parezca “más sabrosa”, aunque la mineralización sea similar.

Origen y geología del manantial: el “recorrido” del agua deja huella

Dos aguas pueden ser minerales naturales y, aun así, saber distinto porque el agua atraviesa rocas diferentes, se filtra por capas geológicas con minerales distintos y disuelve componentes en proporciones propias. Por eso cada manantial acaba teniendo una firma. Y esa firma es el origen real de muchas diferencias de gusto.

Temperatura: por qué fría parece más neutra

Truco rápido: cuanto más fría, menos se notan los sabores. Si estás comparando aguas y quieres percibir diferencias prueba a servirlas frías, sí, pero no “heladas”. A temperaturas muy bajas, el sabor se aplana. Este es un factor evidente de cómo nos sabe un agua diferente a otra, pero conviene tenerlo en cuenta.

Envase y conservación: puede cambiar el sabor sin cambiar el origen

A veces el “sabor raro” no viene del manantial, sino de cómo la has guardado. El agua puede captar aromas del entorno si ha estado cerca de productos con olor (detergentes, ambientadores), ha pasado calor, o le ha dado la luz mucho tiempo. Y esto también se traduce al envase que la contiene, sus materiales, o el tipo de vaso que usas para beberla.

Con todo lo que sabemos… A qué atender para conocer su sabor

Las pistas ahora ya las conoces: comprueba el origen, qué menciones a su composición tiene; bicarbonatada, sulfatada, clorurada, cálcica, magnésica, sódica…El residuo seco: la famosa baja o alta mineralización. Si es con gas, o sin gas, no serás el primero que compra sin querer la que no es. Y luego cómo la sirves, de qué envase proviene y en qué vaso y temperatura la bebes.  Ahora sabes mucho más de agua, ¿sigue siendo cierto todo aquello de que el agua es insípida?.