Todo lo que necesitas saber sobre el pH del agua

Bienestar

Qué hace que el agua sea transparente

¿Te has fijado en que en un vaso el agua parece totalmente invisible, pero en el mar cambia a azul, verde o incluso marrón? No es magia: es luz y (sobre todo) lo “clara” o “cargada” que esté esa agua.

Importante: transparente no es lo mismo que incolora

Transparente significa que la luz puede atravesar el material y llegar a tus ojos. Incolora significa que el material no tiene un color propio apreciable (o lo tiene tan débil que apenas lo notamos). Cuando el agua está muy limpia y hay poca cantidad, puede parecer transparente e incolora a la vez.

La clave del color: cómo se comporta la luz en el agua

Para que el agua se vea transparente, la luz tiene que poder pasar a través de ella casi “en línea recta”. Para eso, deben cumplirse dos cosas muy simples: que el agua no absorba demasiada luz visible (es decir, que no “se la quede”) y que tampoco la disperse (que no la “esparza” en todas direcciones).  Imagínate una ventana limpia: la luz la atraviesa y tú puedes ver lo que hay al otro lado. Con el agua pasa algo parecido cuando está clara: deja pasar la luz y, como no la bloquea ni la desvía mucho, parece que “no está”. En cambio, cuando en el agua hay partículas en suspensión (arena fina, barro, restos vegetales…), la luz choca con ellas y se dispersa, como si rebotara y se repartiera por todos lados. Por eso el agua se ve turbia: es como mirar a través de un cristal empañado. 

Por qué el mar se ve azul si el agua es transparente

Aquí entra un matiz bonito: el agua absorbe algunos colores de la luz más que otros. En grandes cantidades, los tonos del rojo se absorben antes y los azules “aguantan” más, así que es más fácil que llegue azul a tus ojos. Pero no todo es “profundidad”: el mar también cambia a verde o marrón cuando hay sedimentos, materia en suspensión o ciertas sustancias/organismos que alteran cómo se absorbe y se dispersa la luz

Cuando deja de verse transparente: turbidez

Cuando aparecen partículas en suspensión (arena fina, limo, materia orgánica, etc.), la luz ya no atraviesa “recta”: se dispersa y el agua se ve turbia (más opaca). Una forma sencilla de entenderlo: la turbidez se mide iluminando una muestra y viendo cuánta luz se dispersa. Un ejemplo fácil: un vaso de agua limpia se ve transparente, pero si le echas una cucharadita de cacao o harina y lo remueves, deja de verse clara al instante. No es que el agua “cambie”, es que ahora la luz ya no puede atravesarla sin desviarse por todas esas partículas.

¿Y los minerales disueltos? Están, pero no suelen “verse”

Una cosa es lo disuelto (a nivel de iones/moléculas) y otra lo suspendido (partículas “flotando”). Los minerales disueltos suelen ser tan pequeños que no dispersan la luz de forma apreciable. Como hemos visto antes, lo que normalmente “enturbia” es lo que está en suspensión (partículas) o lo que forma microburbujas. Eso sí afecta más claramente al color.

Tres ejemplos para reconocer qué está pasando

  • Agua que sale “blanca” del grifo y se aclara en segundos: muchas veces son microburbujas de aire; al subir y desaparecer, el agua vuelve a verse transparente.
  • Agua marrón tras lluvia en ríos: suele ser sedimento removido, por lo tanto,más turbidez.
  • Agua verdosa en la costa: puede deberse a partículas y/o a organismos microscópicos con pigmentos que cambian el color percibido.